viernes, 12 de junio de 2009

Tema y Justificación

Ciencia y Religión

El tema surge a raíz de saber si en la actualidad la religión todavía es vigente en la vida de la humanidad, o si la ciencia basta para sostener al hombre en la forma de concebir al mundo.

lunes, 25 de mayo de 2009

Ciencia y Religión

INTRODUCCIÓN

La ciencia ha realizado avances muy importantes para el conocimiento de la humanidad. Pero necesitamos saber si acaso las utopías, discordias, enfrentamientos, incongruencias, absurdos, vicios, excesos y todo lo que sigue separando al hombre del hombre, se están resolviendo en la misma magnitud. Pues al parecer la humanidad sigue manteniendo en su ambiente de convivencia las mismas adversidades a pesar de esta fuente de conocimiento.

Finalmente ambas posiciones se han encargado de intentar justificar la forma de concebir al mundo, a sabiendas de que ambas necesariamente mantienen una relación, aunque no sean compatibles en el campo de exploración.

Pero, ¿cuáles son las posibles relaciones que se mantienen entre ciencia y religión? Ruy Pérez Tamayo cree podrían ser; “la guerra entre las formas de concebir al mundo, la coexistencia pacífica entre los dos conceptos de realidad y, la integración de la ciencia y la religión en un solo sistema conceptual de la realidad”[1].

Sin embargo estas tres mantienen la inseparable conducta y comportamiento que el hombre tiene para el hombre, y con aquello que lo rodea. Pues el hombre finalmente dependerá de las acciones que le antepongan, sus conductas aprendidas en cada una de las formas de concebir al mundo y de convivirlo. Así, esto propicia un conflicto continuo en el momento en que se intenta entender el mundo o de explicarlo. Pero sobre todo al relacionarse entre sí, pues las creencias, en base a las conductas que debe mantenerse entre los hombres, continuamente son modificadas por la ciencia, pero lamentablemente –al parecer- tampoco ha podido disminuir sus excesos. Es decir, que ni la ciencia ni la religión han justificado su posición para lograr una mejor convivencia entre los hombres. Porque la enfermedad de ambas es la institucionalización; al momento en que han tenido que justificar su presencia de funcionalidad, se volvieron templos e instituciones y su funcionalidad va perdiendo poco a poco el origen de su existencia.

Sin embargo, queda la pregunta de saber si son compatibles ciencia y religión. ¿Cuál de los dos nos toca escoger?

I

Con el paso del tiempo los valores han sido modificados y otros conservado. Valores que provienen (muchos) de la religión (en este caso de la religión católica principalmente, que es la que vivimos y por lo tanto que conocemos). Los diez mandamientos son una muestra de la vigencia que tienen alguno de ellos en la sociedad, pues hasta la ahora se siguen predicando y justificando entre familias. Sin embargo el aborto, por ejemplo, es un tema de debate que a través de la ciencia se intenta justificar, pero a través de la religión también.

Pero cómo concebir al mundo cuando a través de ambas pensamientos se intenta justificar valores a su forma o por las formas que cada una presentan sin prometer que la conducta humana no permeara la vida, o que el hombre no dañara al hombre ni al ambiente que lo rodea.
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Lo que es un hecho es que los valores se modifican por la justificación que cada uno tiene para su fin, y la combinación de ambas permite que se generen nuevas formas de concebir al mundo. Presentándose, con ello, nuevos valores que nos permitan continuar con la convivencia, pero a su vez se presentan nuevas formas de conducta que permean los valores que se concebían como nuevos (aun que quizá no sea correcto tomarlos como nuevos, cuando son sólo la modificación o evolución de los que han permanecido en la historia del hombre). O quizá sea la conducta humana la que no hemos terminado de aceptar para poder aprender a controlarla, pues dentro de nuestro ser también existe la maldad, y entre la maldad y la bondad hay un choque continuo interior; que ni a la ciencia ni a la religión le pertenecen, solo le pertenecen al hombre.

II

La religión también ha pregonado la contemplación de mantener paz, amor, armonía, respeto y otros valores que unan al hombre. Esos pronunciamientos son considerados hasta la fecha como valores, incluso en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se siguen exigiendo gran parte de esos valores para mantener una armonía en la sociedad. Lo que quiere decir que muchos postulados que provienen de la religión han sido necesarios para mantener la convivencia entre los ciudadanos, por lo que esos valores no son fruto de una ciencia si no fruto de la imaginación o del instinto humano, pues no sabemos aun si nacemos con ellos o los generamos; aunque sea más probable lo segundo.

Como ejemplo de lo anterior, en el artículo tercero, párrafo segundo, se menciona algo muy importante para construir una patria aceptable por el pueblo, en el que se contemplan algunos valores que provienen desde la visión religiosa:

La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar amónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.[2]

Dentro de esas facultades se encuentra la fe que se puede generar en el hombre; o el amor a la patria que también implica un sentimiento, aunque no sabemos si es comprobable pero que se incita para mantener una unión como nación.

Sin embargo es lamentable anunciar que la convivencia entre los hombres es una lucha continua entre si mismos. Pues el problema radica en sus premisas de pensamiento o quizá radica también en sus conductas heredadas que nos unen pero al unirnos nos separan de otros o de nosotros mismos

III

La humanidad genera ciencia, pero al generarla preocupa la forma de en que ésta se emplea. Pensemos, por ejemplo, en la teoría de la Relatividad -sobre la equivalencia entre masa y energía- de Albert Einstein que permite generar bombas atómicas con capacidad de matar a más de 100 mil personas en un pequeño instante: como lo sucedido en el país japonés. O la forma exagerada de modificar a la naturaleza genéticamente mediante la implementación de técnicas científicas químicas y biológicas.

Así mismo, la religión ha generado desastres entre la humanidad; hemos de pensar en la santa inquisición en donde se permitió dictar sentencias de muerte sin un juicio verificable; o la intolerancia de aceptar la existencia de otro o varios dioses.

Tan sólo Mario Benedetti piensa que en la actualidad -a los jóvenes- “las religiones les proponen un dios que no sanciona esas barbaridades; por el contrario, sus fieles devotos se han ido introduciendo en todas las contiendas, cuanto más despiadadas mejor”.[3] Y esto nos permite concluir que con ciencia y religión la humanidad genera la destrucción de si mismo. Pues ante todo, siguen existiendo las divisiones sociales, en donde los de abajo siguen haciendo que funcione el sistema económico, político, social y otros. Y los de arriba siguen trazando el mapa conforme a la brújula que inventan, es decir, siempre hay un arriba y un abajo, posiciones verticales, no horizontales. Pues como dice Benedetti:

…Los que deciden y empujan las guerras están en cambio cómodamente instalados en sus despachos de poder, con el champán a mano para cuando haya que festejar victorias, o el bourbon –ese whisky yanqui- como consuelo en las derrotas.
Ellos van después, cuando todo culmina, y las nóminas de muertos y heridos crecen en silencio. Sí, van después, con elegantes esposas y ex amantes, con familiares y alabanceros, y por supuesto con militares que siempre obedecen, pensando en su próximo ascenso
.[4]

Sin embargo, podemos hacer nuestra la visión de Filopáter de sostener a ambas, pues al parecer también contempla la idea de que hay que desentrampar el acérrimo pensamiento de creer que ciencia choca con religión o que la razón y el misterio son posiciones confrontadas:
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Hay que sostener el misterio con la razón y fortalecer a la razón con el misterio. Ni la fe excluye a la razón ni la razón destruye a la fe. Decir esto desprotege al dogmático, al pasivo, al que quiere imponer una verdad como los inquisidores bajo cuyos muros me encontraste apoyado esta mañana o esconderse detrás del muro negando la obra de Dios. [5]
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Conclusión

Finalmente, existen valores que se habían generado en lo mítico y que sostenían al hombre. Ahora se destruyen y se permite la entrada de la “mala fe”, aquel camino a la nulidad que el hombre recorre como consecuencia de lo que él mismo realiza; pues así lo ha suplantado. Nada tiene valor intrínseco, la relatividad nos sostiene porque nosotros lo generamos a través de la credibilidad y de la fe. Ante ello, Nietzsche –dice Rob Riemen- nos muestra lo que implican los valores en la era contemporánea a través del concepto nihilista:

¿Qué es el nihilismo? La descripción más concisa de Nietzsche reza: “Nihilismo: falta la finalidad; falta la respuesta al ¿para qué? [...] los valores supremos se desvalorizan”. ¡Pensémoslo! Para todas las preguntas con las que comencé, esas preguntas no académicas, de la vida real, esenciales, relativas al sentido de nuestra vida, para esas preguntas no habrá respuesta. Porque, como lo hizo notar Nietzsche, no hay valores espirituales atemporales, absolutos, valores que den sentido a nuestra vida y medida a nuestra conducta, que juzguen lo que hacemos y quiénes somos. Estos valores no existen así como no existe un absoluto; no hay trascendencia. Nada tiene ningún valor intrínseco, todo es relativo, todo puede significar cualquier cosa y, por ende, todo es prácticamente insignificante. El sentido será sustituido por la utilidad, y todo individuo decidirá lo que es útil cuándo lo es. No hay sentido, no hay finalidad, no hay dignidad. Nuestra libertad ya no es la difícil libertad que necesitamos para convertirnos en lo que debemos ser; es una libertad total: todo es permisible. Como no hay valores espirituales, la libertad se convierte en la indulgencia total de nuestros instintos físicos, en la ley de la naturaleza, la supervivencia del más apto, la voluntad de poder. Habrá violencia, destrucción, autodestrucción. Esto es el nihilismo; esto es lo que Nietzsche predijo para las edades por venir.
Y ahora, ¿qué?

Nietzsche sabía que los seres humanos no serían capaces de vivir con el nihilismo y, puesto que la buena fe ya no era posible –o, en cualquier caso, era muy difícil–, predijo la edad de la mala fe: la edad de los muchos sucedáneos que reemplazarían a Dios tras su muerte
.[6]

Para ello, sólo se necesita observar a la sociedad en cuanto a la fe que depositan a la ciencia, ya que siendo ateos o no “ahora la verdad es –y sólo puede ser- matemática, empírica, material”[7]. Pero “se trata de una visión del mundo utilitaria, pragmática”,[8] porque no hay que olvidar que el andar de la humanidad también rueda sobre los ejes de la fe:

La ciencia como visión del mundo es una posición un tanto elitista. Si realmente queremos saber en qué pone su fe una amplia mayoría de nuestra sociedad, qué es lo que considera realmente importante, debemos ir a una tienda de revistas como las que hay en cada aeropuerto. Son el espejo perfecto de nuestra sociedad. Lo que encontramos en todas esas tiendas es esto:
1. Una sección de computadoras y tecnología que indica cuánta fe tenemos en la tecnología y su progreso.
2. Invariablemente, una sección de deportes y carreras que expresa algo de nuestra fe en la velocidad. Todo debe ser siempre más rápido por la sencilla razón de que ya no tenemos tiempo.
3. No hay mucho que decir sobre la enorme sección dedicada al dinero y las finanzas. ¡Es nuestro poder supremo!
4. Y no olvidemos la sección sobre estilos de vida, belleza, sexo y celebridades. Aparentemente, no podemos vivir sin el brillo exterior, sin la emoción, sin el entretenimiento.[9]

Entonces ciencia y religión le sirven al hombre, porque “la religión es una visión poética –como la filosofía pertenece también a una descripción literaria simbólica de la realidad-, y la ciencia lo que busca es una explicación técnica funcional de los hechos”[10]. Concluyendo así, que ciencia y religión no pueden ser compatibles entre sí, pero pueden ser compatibles entre los hombres, porque lo importante no es que se combinen entre ellas, pues eso de nada sirve; incluso eso es lo menos importante. Sino que sirva para experiencia entre la institución y la razón, entre la maldad y la verdad, entre la naturaleza y la vida, entre la pobreza y el poder; incluso entre el amor y la muerte, y entre hombre y hombre.
Bibliografía

[1] Pérez Tamayo, Ruy. Ciencia y Religión. Revista de la Universidad de México. UNAM 2008
[2] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Colección Ordenamiento Jurídicas 2006. pág. 10
[3] Benedetti, Mario. Memoria y Esperanza. Un mensaje a los jóvenes. Alfaguara. Bogotá, Colombia 2004. Págs. 84 y 85
[4] Ibídem.
[5] Fuentes, Carlos. La voluntad y la fortuna. Alfaguara. México 2008.
[6] Riemen, Rob. Fe, ética y verdad en el siglo XXI. Letras libres. La civilización del espectáculo. Febrero 2009. Pág. 24
[7] Ibídem.
[8] Ibídem.
[9] Ibídem.
[10] Rabasa, Diego. Entrevista con Fernando Savater. SP Revista de Libros. Mayo 2009. Pág. 16.

martes, 19 de mayo de 2009

Diario de Indagación

En el momento en que se nos pide un ensayo sobre los temas vistos en las clases de Cultura Científica y Humanística, nos dimos cuenta que coincidiamos en relación al tema que propusimos, sólo que había cosas que no eran tan claras hasta el momento de la investigación, ya que partimos de una premisa que acordamos; la verdad no es absoluta; por que si la verdad fuera así ¿En donde cabe lo relativo?.

Entonces, eligimos los temas de ciencia y religión y así decidimos ponerle, aunque no nos queda claro aún si fue el correcto. Pues pudo haberse llamado también Ciencia o Religión, a razón de que la vocal "y" y "o" muestran una diferencia de percepción al lector en cuanto al contenido que aclaramos al final.
Finalmente nos repartimos el material bibliográfico y por nuestra cuenta leímos he investigamos sobre el tema, y al momento de hacer la redacción nos mostramos las propuestas y se conjugaron, saliendo como resultado el presente trabajo.